jueves, 26 de octubre de 2006

Sustitutos para la vida misma (1)

If you have to wash the dishes / such an awful boring chore...


Rompo platos

por no poder romper corazones

miércoles, 18 de octubre de 2006

Dame una razón para sobrevivir

La vez que me levanté muy triste y muy triste crucé el pasillo y muy triste llegué hasta la cocina y muy triste abrí el refrigerador y vi que no había leche y me puse a llorar, fue por sentir que no podía tener absolutamente nada, ni siquiera un vaso de leche.

Lo mismo pasó cuando llegué a mi casa y vi que se había llevado mi monitor. No tengo computadora, no tengo nada.

No es la carencia lo que duele, es la imposibilidad de poder asir algo, de que algo se quede contigo para siempre, de que abras los ojos en cualquier momento y que eso que es tuyo siga ahí.

A veces no puedo con tanto de nada. Me estoy cansando. Me estoy volviendo un lugar común.

Ya ni siquiera quiero ser feliz.

Putita desesperanza.


Show me a happy man and I’ll show you a disaster waiting to happen



(Mi pobrecito pobrecito carro que mucho ha sufrido visto bajo la luz de un incendio, como en la vida misma)

jueves, 12 de octubre de 2006

Y que me cambio a blogger beta...

...y que ya no puedo postear.

A ver si esto se publica. Si no, es una señal de que es lo correcto guardar silencio y sentarme con las rodillas juntas.

sábado, 7 de octubre de 2006

Si no nos quedamos callados

A veces, sin embargo, pienso que de lo único que debería cuidarme de no dejar de hacer es escribir.

Voy leyendo cosas ajenas, a brincos de párrafo como hago últimamente. Hace tiempo que perdí la capacidad, quién sabe si debería decir el interés, de leer por completo lo que otros iguales que yo escriben. Encuentro en mi lectura de brinquitos palabras bellas y se me despierta un poco de emoción. Lo que yo podría hacer con todas esas palabras tan bonitas, pienso. Ya emocionada hasta me atrevo a leer algo mío. He escrito cosas bellas. Inútiles, pero bellas.

La verdad es que me da miedo quedarme demasiado callada. No tengo con quién hablar desde que se fue Carito. Con ella tampoco hablaba mucho, pero es bueno encontrar un nombre para culpar las imposibilidades, aunque siempre hayan estado ahí.

Me encanta el sonidito de las teclas cuando se escribe con rapidez, sin detenerse.

También me he dado cuenta que desde que salí de la escuela es muy poco lo que escribo a mano. Tantas horas frente a una computadora se van a llevar esa letra linda y poco intelectual que había logrado en 17 años de apuntes.

Nimiedades. Ya no sé ni lo que hablo. Hablo por hablar, escribo por escribir, porque tengo miedo a caer en un largo silencio. Si eso es posible, que no pase. Ojalá.

Si nos quedamos callados

Ay, Anónimo(s), ay de mí.

He perdido a mis únicos dos lectores. Uno que no vuelve y el otro que volvió y volvió y ahora se va.

Si sirve de algo diré que yo también me he visitado muchos días seguidos y nada. Yo también me he abandonado.

Es que es difícil escribir a veces. A mí me dan ganas de dejar de hacerlo por completo. No volver a poner ni una sola palabra mía en ninguna parte. Ni siquiera un recado sobre la mesa para avisar a dónde voy. Si eso fuera posible, hacer un largo silencio. Ojalá.