Se hace tarde para ir al trabajo por la mañana, no hay ropa limpia y se hace muy tarde. No hay tiempo de buscar qué ponerse. Recojo una blusa oscura del montoncito de ropa sucia que se ha ido acumulando en la esquina del cuarto. No huele mal, da lo mismo que una limpia, quién va a saber, además. Antes de salir veo una gran mancha de pasta de dientes a la altura del pecho, enmedio, corro a mojarla y, doblando la blusa hacia arriba, la tallo con una parte más baja. Parece que la mancha desapareció, sólo queda un color más oscuro en las dos partes que se mojaron. Voy al trabajo, llego tarde. Con las horas la blusa se seca por completo y yo me olvido de la mancha que supongo desaparecida. A mediodía me veo en un espejo. No, la mancha está ahí, volvió, y no sólo una, ahora además hay otra casi del mismo tamaño en la parte con la que tallé la mancha primera.
Como a las personas les encanta descubrir defectos, poco falta para que alguien me diga señalando mi pecho: "mira, tienes una mancha ahí", y es entonces cuando yo seré más que ellos y se demostrará la ventaja de la meiosis de mi mancha, porque podré señalarme más abajo y responder casi con orgullo: "sí, y otra acá".

6 comentarios:
me encanta que te encante Altanzor es uno de mis libros favoritos...
b r a v o !!!
me encantás!
brabisima
jamás volveré a pisar aquí, bueno... quizás alguna vez que otra si!
llevo dias visitandote
he visto como me has abandonado
a
d
i
o
s
Adiós a los dos. Gracias por venir.
Si la casualidad nos vuelve a juntar diez años después
algo se va a incendiar.
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